miércoles, 19 de septiembre de 2012

Se puede decir más alto...

Varios diarios económicos alemanes publicaron el siguiente artículo escrito por su corresponsal de finanzas en España. Se puede decir mas alto...pero más claro no.

Hoy, 6 de septiembre, se encuentran en Madrid los gobiernos de Alemania y España, acompañados de un nutrido grupo de empresarios, y donde seguro hablarán sobre las condiciones para poder otorgar más ayudas financieras a España o a su sistema bancario.

En los dos lados se ha elevado el tono en los últimos meses y es con gran expectación que España espera ahora la decisión que va a tomar el Tribunal Constitucional alemán, que esa sí es crucial, el día 12, sobre la conformidad o no del rescate europeo y las obligaciones derivadas para los alemanes.
En Alemania crece la crítica contra la supuesta “mentalidad de fiesta” de los españoles; en España los medios cada vez son más negativos con la supuesta dureza de la canciller Merkel.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Carlo Maria Martini

"Un Papa moderno, dialogante, crítico, con dudas. Un Papa imposible."  (El País. 7/09/2012)

"(...) se convirtió en el símbolo y la referencia de todos los católicos que en el mundo buscan y luchan por el Reino de Dios y por una Iglesia más evangélica." (Religión Digital. 1/09/2012)

"El cardenal Carlo M. Martini murió ayer a los 85 años. Con él se va un hombre que hubiese podido ser Papa y que, en ese caso, dejaría hoy una Iglesia muy diferente a la que tenemos. Tuvo muchos votos en el primer sondeo del Conclave de 2005. Pero él dijo que era ya muy mayor, con achaques, y que no quería ser Papa. Los cardenales que se habían fijado en él no insistieron. Los votos fueron acumulándose en otro hombre, sólo dos meses más joven, que parece que sí quería ser Papa." (Atrio. 1/09/2012)

jueves, 6 de septiembre de 2012

Olor a tinta


Cada Septiembre, casi como un ladrón sigiloso, me asalta uno de los mejores recuerdos de mi infancia. Empezando el mes acompañaba a mi padre a la librería del colegio donde me compraba los libros para el nuevo curso que comezaba. Junto a una sonrisa, algunas palabras de ánimo y algún que otro regaliz rojo, el Hermano Andrés  y, con el paso de los años, el Hermano Adolfo,  iban metiendo en bolsas blancas uno tras otro los libros que iba a utilizar ese año.

La rutina, mejor dicho, la liturgia que seguía a esta compra siempre era la misma.  Llegaba a casa, me sentaba en mi escritorio y, uno a uno, ojeaba esos libros. Leía títulos, echaba un vistazo a las actividades, a los textos que encabezaban cada tema, todo ello envuelto, casi arropado, por el olor a tinta que esos libros desprendían.